"Fruto espontáneo, personal, intuitivo, de un temperamento privilegiado,
son las siguientes páginas, obra de Francisco González Gamarra, el artista adolescente,
quien con esa serie de dibujos primorosos a la pluma, inicia una vasta labor de arte de
carácter netamente nacional y dentro del cual alcanzarán relieve preferentemente sus
impresiones sobre la milenaria, sagrada tierra incaica, su ciudad natal.
Sin haber tenido Gamarra academia alguna, ni siquiera la sugestión de
una técnica superior de maestro que imitar, es asombroso, ciertamente, como ha logrado
semillar y cosechar de modo fecundo, desde temprano, en un campo de actividad, de por sí
difícil e ingrato, particularmente en un medio semejante al nuestro - tan pobre y frívolo -
tan hostil para todo lo que signifique idealismo.
En los presentes dibujos puede apreciarse bien el desarrollo alcanzado por
Gamarra - la fuerza de su temperamento, apto para dominar variados y complejos temas, la
calidad de su retina rápida, fina al sintetizar conjuntos, precisar detalles. Pero
es la técnica, el manejo material de la pluma, donde se caracteriza el estilo propio del
artista - fácil, sobrio con toda la soltura, robusta elegancia de los avesados dibujantes
del Támesis, cuya existencia él seguramente ignora, pero que presiente y los traduce con
maravillosa intuición.
Por el brío mostrado en los comienzos, cabe ya predecir el valor de la
cosecha futura de Gamarra; cuando Francia inunde su cerebro de luz, cuando Grecia e
Italia divinas le hayan revelado el secreto de sus líneas únicas, cuando España
inmortal le haya hecho ver y sentir el color en las paletas milagrosas de sus pintores...
A la verdad que nada puede consolar, dulcificar más apropiadamente la
vulgaridad de nuestra vida actual, enzarzada en ruda, inculta politiquería, que
el espectáculo de esa esperanza que se abre, de esa aurora que se anuncia!"
En Lima, 1914
T. CASTILLO.